Inocencia

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Siempre creí que mi “lema de vida”, era algo así como “YOLO” (You Only Live Once), o medio hippie, pero con este ejercicio de observación, me di cuenta que tengo más que eso.

Claramente, cuando me pregunté por mi “status quo”, tenía una idea muy vaga de lo que podría ser, entonces empecé a indagar mirándome desde un balcón.

Todos contamos con cualidades diferentes, y pienso que son el fuerte de cada persona y deben ser explotadas… en mi caso, me percaté de una alegría constante y optimismo. Después de cuestionarme por qué el mundo necesita personas como yo, encontré en el fondo de todo ese asunto, que la felicidad de mi vida se la debo a una inocencia que en algún momento decidí alimentar.
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Inocencia no como una negación a la realidad, si no como un potenciador de vida y sueños, que a pesar de conocer algunas falencias del mundo y la vida terrenal; pensar con fuerza y fe, así como lo hacen los niños cuando esperan ansiosamente el regalo de ‘Santa Clous’ o del ‘Ratón Pérez’ es lo que le ha dado un soporte a mi “lema” “YOLO”.

Aprovechar cada instante, ser feliz en cada lugar y creer con todas las fuerzas del corazón que todo es posible. Para mí, como sé que para muchos, la mente tiene poder y aún más si se acompaña con la fe.

Por esta razón, el mundo necesita personas como yo, que crean y ayuden a comunicar ese mensaje sobre la infinidad del universo y entiendan las capacidades propias con amor, con fe y pasión, porque en el mundo de los niños y la imaginación TODO es posible.

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Por lo tanto, el “status quo” no es una creación si no una búsqueda del propósito individual, y luego de aceptarlo, todo fluye… el mío es: “Tengo una inocencia que me hace creer en cosas, que de tanto pensarlas, hago que sucedan”

Este es el ejemplo más claro del poder que puede tener mi mente, mi inocencia y tal vez la de cualquiera… Comencé un día a llamar con todas las fuerzas que tenía un cambio en mi personalidad y también encontrar trabajo en un lugar que me hiciera feliz y que me pudiera destacar.

Lo más bonito de esta historia es que sí pasó, pero no como yo estaba esperando que pasara. Me costó entender, como cuando un niño inocente espera por su regalo de navidad y le dan otro, le llega en un empaque feo, o tal vez, le toca esperar un día para recibirlo, pero entonces entra la imaginación a jugar, a contar historias, a pegarse de aquí y de allá para dar explicaciones y, finalmente, ese bombillito, esa luz se enciende y no solo responde, si no que muestra la solución y demuestra que TODO es posible. Solo hay que creer, confiar y tener fe en uno y en el universo…

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Ser acelerada y ansiosa habían sido unas de mis características más destacadas de mi personalidad, pero una vez le pedí al universo calma, tranquilidad y paciencia la oportunidad para serlo llegó perfecta.

Antes de contarla, debo aclarar que en ese entonces me di cuenta que no es sólo pedir, sino que hay que pedir bien y saberlo hacer…

No tenemos ninguna celestina a nuestra espalda que anda con una barita mágica diciéndole “sí” a nuestros deseos, se trata de nosotros mismos, de saber leer las señales y una vez comprendidas, sacarles todo el provecho posible, porque las oportunidades no se repiten.

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“Todo pasa por algo…” sí y en el tiempo perfecto. Mi oportunidad llegó este año, cuando debieron operarme por complicaciones respiratorias.

Estaba sin empleo y recién graduada, entonces era el momento perfecto para hacerlo. Salía con mis amigos y hacía lo que quería, entonces creí que mi incapacidad sería corta para retomar la diversión.

Una semana de quietud, completa y para mí fue casi un mes. Alegué, me desesperé y tuve rabias porque debía permanecer quieta solo unos días, estaba ciega a la oportunidad que me daba el universo. Llegó el tan esperado día de la primera salida y tal vez abusé, hice algunas vueltas, almorcé fuera de mi casa y en la noche terminé con mis amigos en una reunión.

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Efectivamente abusé… al otro día me desperté y me había dado hemorragia.

Regaños por descuido llegaban por aquí y allá y finalmente la sangre nunca paró, por lo que terminé en urgencias, acostada en una camilla junto a un señor que se moría por un infarto. Era diabético, pero la ansiedad por el licor y la Cocacola lo vencieron.

En ese mismo momento, en ese instante pude ver lo que tenía frente a mi nariz, la chispa de luz que venía desde el universo era clara. Yo pedí calma, tranquilidad y paciencia, y eso era lo que me estaba entregando, la oportunidad para serlo; o aprendía, disfrutaba y agradecía mi oportunidad o me dejaba vencer por la ansiedad como mi compañero de urgencias.

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Disfruté todo de principio a fin, hablé con las enfermeras, hice chistes en plena sala de urgencias y terminé comentando cualquier cosa en el quirófano antes de que me durmiera.

Estuve tres semanas en mi casa, y las disfruté de principio a fin, con la plena certeza que lo que tenía era un regalo  y que yo no era una víctima, antes tenía una corona, el universo me había escuchado, mi inocencia había actuado pero debí identificar el empaque del regalo.

Nunca me dijeron “NO” solo me dijeron “ESPERA” porque, había pedido además trabajo y más que eso, un empleo que me gustara… yo esperaba ver llegar el empleo, pero primero me llegó la paciencia y una vez aprendida la lección,  el infinito no se dio a esperar.
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Completamente sana, a la semana de haber terminado mi incapacidad fui llamada a entrevista, en un medio de comunicación para manejar el área de entretenimiento, donde iba a tener a mi alcance demás áreas e infinidad de historias… en fin, terminó la entrevista y mi futuro jefe me dijo:

“Perfecto Camila, empezamos el lunes”.

El regalo siempre llega, sólo hay que identificar el empaque.

Por: María Camila Medina Martelo - @mariacamilamedina
Artículo por: María Camila Medina Martelo – @mariacamilamedina Foto por: Jorge Guzman Styling: Calixtanna – Ana Velasquéz Makeup: Vanina Di Salvo
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