The Cool Kids


“En ese momento decidí comenzar a contar mi historia y convertir mis tragedias en chistes que alegraran la vida de los demás, pasando de ser una víctima a escribir en OCTO magazine.

“I wish that I could be like the cool kids ‘cause all the cool kids they seem to fit in” – Cool Kids by: Echosmith”

Nunca he sido y tal vez nunca seré uno de los “cool kids”, los populares, los que todos siguen y admiran. La vida se ha encargado de que siempre, por mas que lo intente, mi #statusquo en la sociedad esté definido por la cantidad de bullying que pueda soportar. Si mi vida en el colegio, por ejemplo, hubiera sido como la película Mean Girls, yo no hubiera sido ni Lindsay Lohan ni Regina George, sino mas bien el gordito delicado o la gótica de la que nadie se acuerda del nombre.

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Fue tanto el bullying que pasé en el colegio que un día llegué a clase después del recreo y el espacio donde se suponía que iba mi escritorio estaba vacío. Después de mucho buscar, miré por la ventana y mi escritorio estaba en medio de la cancha de fútbol, como a 30 metros del salón. Fui por el mientras todos mis compañeros se reían y luego, cuando llegué, me regañó la profesora por salir de clase sin permiso, como si hubiera sido mi elección irme a sentar al sol en una cancha de arena.

A pesar de mi mala suerte en el aspecto social nunca me mortifiqué ni me senté a llorar sino que siempre intenté cambiar mi destino, si la vida no me hizo “cool” tal vez yo podía intentar convertirme en ello.

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Un día, por ejemplo, salí del trabajo caminando por toda la 10 con la frente en alto y escuchando música y vi que mas adelante había una indígena sentada en el piso alimentando a un niño recién nacido. Al instante me acordé de Wendy Zulca y su canción de la tetita y me dio tanta risa que me sentí un poco incómodo y subí la cara para que no me viera mirando. Al pasar junto a ella, no me di cuenta de que tenía un tarrito con monedas y lo pateé. Salió entonces un río de monedas rodando por toda la 10 mientras la indígena me gritaba cosas en un extraño dialecto y yo desesperado intentaba parar los carros para recogerlas. No sé qué me decía pero por su tono de voz creo que me estaba deseando mala suerte en el amor, falta de sexo y hemorroides por el resto de mi vida. Pasé luego como 20 minutos parando los carros y formando un taco digno de los Parques del Río para lograr recoger las monedas y devolvérselas.

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Después de ese momento entendí que por mas que intentara ser “cool” y que la gente me definiera por mi estilo, belleza y actitud siempre iba a ser el que generara risas, algo así como el amigo charro que hay en cada grupo que siempre está soltero y se dedica a tomar las fotos en los paseos. Al parecer yo estaba destinado a ser tan de malas que si fuera una Kardashian sería la gorda, si fuera un Jonas Brother sería el que no sabe cantar y si estuviera en una película de terror sería el negrito que matan en la primera escena.

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Otro de esos días incómodos fue cuando salí de mi casa caminando en un día bonito y soleado, con gafas de sol, ropa nueva y tenis relucientes y de repente escuché un aleteo. Alcé la mirada y vi como una paloma, de esas de parque de pueblo, volaba hacia mi. Yo seguí caminando tranquilo intentando verme “cool” y relajado mientras la paloma se acercaba, y se acercaba, y se acercaba, y no volteaba. Cuando menos pensé, se chocó contra mi cara, me tumbó al suelo y se me quebraron las gafas. No se sabe si botó mas plumas la paloma con el choque o yo con ese susto que me pegué. Tuve entonces que buscar entre las plumas mis gafas destruidas y la poca vergüenza que me quedaba para pararme y seguir caminando mientras me miraba el portero, una vecina que entraba al edificio, un señor que llegó con un domicilio y otras 20 personas que pasaban caminando.

Aun así y a pesar de que la vida siguiera haciéndome quedar mal y perder el poco respeto que me ganaba, yo seguía intentando convertirme en una persona menos “rara”, por decirlo así, que no tuviera que ser siempre una víctima del bullying. Uno de los proyectos que hice para cambiar esa imagen de débil y frágil que tenía fue esforzarme por mejorar mi cuerpo y estado físico, pero no fue nada fácil. Soy tan de malas que después de meterme al gimnasio para huir de ese bullying me di cuenta de que la filosofía de los entrenadores era “el bullying cuaja”. Así que mientras yo me mataba intentando cargar una mancuerna mas pesada que la lavadora de mi casa ellos gritaban cosas como “¡háganle pues que si Pablo puede cualquiera puede!”, lo cual no se si me ofendía o motivaba pero después de un tiempo parece que funcionó.

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Un día, por ejemplo, iba en un bus camino al gimnasio con un maletín tamaño pañalera y cuando llegó el momento de bajarme el busero, modelo a seguir y ejemplo de inteligencia vial, no se metió a la bahía sino que paró en medio de la calle. Cuando me intenté bajar por la puerta de atrás, un carro se metió por la bahía rápidamente y yo, para no morir atropellado, tuve que dar un paso hacia atrás. El busero, pensando que ya me había bajado, cerró la puerta y mi mano quedó afuera del vehículo con maletín y todo mientras mi cuerpo estaba adentro y mi brazo quedaba atrancada entre la puerta. Una señora empezó a gritar como loca que me iban a mochar la mano mientras el bus arrancaba sin darse cuenta de lo sucedido y yo, con todas mis fuerzas, intentaba abrir la puerta para tirarme a la calle o por lo menos meter la mano antes de que pasara un carro y me la cortara o algún ladrón me quitara el maletín. Luego de muchos gritos, de hacer mucha fuerza y de protagonizar una escena que fácilmente podría estar en una de las películas de Destino Final, logré abrir la puerta y me tiré del bus en movimiento deseando con ansias que la puerta se hubiera dañado para que el busero que atentó contra mi vida tuviera que pagar el arreglo.

Luego de mucho luchar para cambiar mi #statusquo de víctima del bullying e intentar convertirme en un “cool kid” me di cuenta de que no era necesario. Tal vez lo único que necesitaba era convertir toda esa mala energía que la vida me lanzaba en una herramienta para integrarme en la sociedad. En ese momento decidí comenzar a contar mi historia y convertir mis tragedias en chistes que alegraran la vida de los demás, pasando de ser una víctima a escribir en OCTO magazine.

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“I wish that I could be like the cool kids ‘cause all the cool kids they seem to fit in”

Cool Kids – Echosmith

Pablo Botero - Octo 3
Por: @pablobott – Pablo Botero